Tesorillo de la dehesa del castillo de Azuel

En vísperas de la Navidad de 1874 un arado “arrancó un vaso de plata y tras de él fueron recogiéndose otras piezas y hasta 1096 denarios” en la dehesa del castillo de Azuel (Córdoba), a más de 500 m del castillo y cerca del camino que va desde la venta de Cardeña a Villanueva de Córdoba, una zona donde ya había registro tanto de sepulturas excavadas en sus rocas de granito como de restos óseos y cerámicos, así como de monedas.

vista de la dehesa desde el castillo de Azuel. Foto cortesía www.rioyeguas.blogspot.com.es

vista de la dehesa desde el castillo de Azuel. Foto cortesía http://www.rioyeguas.blogspot.com.es

El hallazgo permaneció inédito hasta que Manuel Gómez-Moreno lo publicó en 1949 en sus “Misceláneas (Historia-Arte-Arqueología)”, en el capítulo “El Tesorillo de Azuel”, páginas 343-346. Antes también lo había mencionado Juan Cabré Aguiló en “el tesoro de plata de Salvacañete (Cuenca)” en 1936 (AEspA 35, 1936, p.156), señalando su condición de aún no editado. Su publicación fue posible gracias al estudio que realizó de los papeles sueltos que a modo de expediente sobre el tesorillo se guardaban en el archivo del gabinete arqueológico del Colegio Nª Sª del Recuerdo de Chamartín de la Rosa, de los jesuitas de Madrid.

De este modo sabemos que los 1096 denarios fueron clasificadas por un tal sr. Visconti en 129 clases, de las que una estaba conformada por “unos 140 denarios de Ikalkusken”, otra por “ventitantos de Bolskan” y otra por “5 monedas celtibéricas diferentes”. Todo el hallazgo fue posteriormente trasladado a París, aunque retornó “sin consecuencias”, según se señala. Finalmente su propietario, José Muñoz del Valle, vecino de Lucena, lo vendió el 28 de mayo de 1878 al jesuita Antonio F. Cabré (preferido sobre otro licitador llamado Rivas Gay) por 4780 reales, a razón de un real por gramo (o sea, con un premio de un 25% sobre el valor de la plata). Pesaron los objetos 693 g. y las monedas 4099 g., quedando en poder del dueño 20 de ellas. El padre Cabré vendió luego todos los objetos y la mitad de las monedas, desconociéndose a quién y dónde, y depositó la otra mitad en el gabinete arqueológico del colegio de Chamartín de la Rosa, de Madrid, que él formó íntegramente.

Colegio de Chamartín de la Rosa en 1920. Foto: www.fuenterrebollo.com

Colegio de Chamartín de la Rosa en 1920. Foto: http://www.fuenterrebollo.com

En su archivo existía, como he dicho, un expediente formado por papeles sueltos donde constaban todos estos datos, que pudieron ser examinado por Gómez-Moreno gracias a su amistad con el rector del centro. Lamentablemente, en los sucesos del 11 de mayo de 1931 el colegio sufrió el asalto de las turbas y, aunque no fue incendiado como otras instalaciones religiosas, todo el material resultó perdido o destruido.

Todo se perdió. Sólo se conservan los dibujos que calcó Gómez-Moreno de los originales realizados en 1875 por el presbítero de Lucena don Antonio Muñoz del Valle (por la coincidencia de apellidos y de localidad seguramente hermano del propietario), así como las anotaciones que copió. Entiendo que en el gabinete arqueológico del colegio tuvo acceso, además de al expediente, a los ejemplares que allí se conservaban, hoy desaparecidos por las circunstancias mencionadas.

barrita de plata

barrita de plata del tesorillo, copiada por Gómez-Moreno

anillo, zarcillo y campanita

anillo, pendiente y campanita. Gómez-Moreno

Además de dedicarle un capítulo a este tesorillo en su “Misceláneas”, el erudito granadino también lo había reseñado brevemente un par de veces en otro artículo de esa misma obra titulado “Notas sobre numismática hispana. Emendata”, revisión del que había sido originalmente publicado en 1934 en el Anuario del Cuerpo de Facultativos de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, vol II. En la página 182 concretamente dice “entre ellos se obtuvieron cinco ibéricos que probablemente correspondían a Aregrada, Arsaos, Conterbia, Duriaso y Segobrices” antes de confirmar que había “veintitantos de Bolscan con mediano desgaste por el uso y unos 140 de los que Delgado transcribió por Ilgone y aquí diremos con reservas Icalguscen”. Creo que es interesante remarcar que es una simple conjetura (aunque muy lógica) su atribución a esas cinco cecas. Sólo sabemos por Visconti que eran “cinco monedas celtibéricas diferentes”, y esas cinco son las más plausibles, pero realmente no es seguro y es fuente de errores darlo por hecho cierto. Es más, ni siquiera se dice que sean de cecas distintas, y sabemos bien de las grandes diferencias de arte existentes entre los mismos denarios de Arsaos por ejemplo, e igualmente entre los de Arekoratas.

brazalete

brazalete del tesorillo

También indica Gómez-Moreno que es posible que otro hallazgo, el tesorillo de Villa del Río, sea una “desmembración” del que nos ocupa, pues fue encontrado en la misma fecha de 1874 y contenía 107 denarios de Ikalkusken, junto con medio millar de denarios romanos, según indicó Zóbel. Ambas localidades, Azuel y Villa del Río, no están lejos pues distan 45 km. De todos modos, la abundancia de hallazgos en la zona hace que también sea perfectamente factible que nos encontremos ante tesorillos distintos. Creo que la sóla coincidencia de fecha y cierta proximidad geográfica en un área con gran densidad de hallazgos no justifica que se les considere a priori como un mismo tesorillo. Y el hecho de que la mayoría de los denarios ibéricos pertenezcan a los de leyenda Ikalkusken es algo habitual en la zona.

Además de las monedas, el resto de los objetos de plata del tesorillo eran los siguientes: Dos cuencos de plata, de 145 y 130 mm de boca respectivamente y de 472 g de peso en conjunto, un torques funicular, un brazalete, una barrita semicilíndrica, un anillo, un pendiente rematado por una cabeza de león y una campanita.

torques funicular y cuenco del tesorillo, copiados por Gómez-Moreno

torques funicular y cuenco del tesorillo, copiados por Gómez-Moreno

A este hallazgo se le ha denominado tradicionalmente como “tesorillo de Azuel (Montoro)”. Azuel se encuentra en Córdoba, en la comarca de Los Pedroches, y pertenece hoy en día al ayuntamiento de Cardeña, como pedanía. Sin embargo, efectivamente por entonces y hasta 1930 pertenecía a Montoro. Pero eso puede inducir a error por su nombre con los tesorillos de Montoro (de 1936 y 1988). Prefiero llamarlo como he titulado en la entrada: tesorillo de la dehesa del castillo de Azuel. Apenas quedan vestigios del castillo bajomedieval de Azuel que, ubicado en el alto, dio nombre a la dehesa en la que se sitúa.

Figura con el nº 51 en el repertorio del TMPI de Villaronga, entre los tesoros ocultados desde finales del siglo II a.C hasta el 98-94 a.C. En él dice que Azuel y Villa del Río deben ser dos partes procedentes del mismo tesoro, lo que ya he dicho que era sólo una posibilidad propuesta por Gómez-Moreno. Da una composición de los denarios ibéricos aparentemente precisa (seguramente por la necesidad de síntesis), sin señalar que en la fuente original sólo se habla de “unos 140 Ikalkusken” y no 139 como señala, y “veinte y tantas de las de Bolscan” y no 20. Además atribuye un ejemplar a cada una de las cecas de Arekoratas, Arsaos, Konterbia, Turiasu y Sekobirikes sin advertir que era sólo una hipótesis. Lo más sorprendente es cuando añade que hay un millar de denarios romanos republicanos de finales del 96-90 a.C. Desconozco de dónde saca ese dato. Yo sólo puedo decir que si el total eran 1096, las romanas nunca podrían llegar a esa cifra, y que la única cronología estimada, como veremos enseguida, es del 101 a.C.

De nuevo en el mencionado capítulo “Notas sobre numismática hispana (emendata)” de su “Misceláneas”, en la p. 182, Gómez-Moreno da otra cantidad al numerario (yo creo que suma los de Villa del Río), pues habla de “unos dos mil denarios cuyo nivel cronológico es el mismo de La Oliva”. Y esto último es muy interesante pues es la única vez que va a dar aportar una cronología. Sabemos que dicho tesorillo de La Oliva (Jaén) está constituido únicamente por denarios romanos y el más reciente es el RRC 324 que está datado en el 101 a.C. Lo que no especifica es de dónde deduce que comparten cronología. También dice que el tesorillo de los Villares (Jaén) es coetáneo, y que el de Pozoblanco se soterró poco antes, sin detenerse a razonarlo.

Anversos de ejemplares de buen arte de KeSE e IKaLKuSKeN

Anversos de ejemplares de buen arte de KeSE e IKaLKuSKeN

Pero es que en la página 184 sigue aportando datos que sorprendentemente no menciona al hablar del tesorillo en el capítulo aparte (pp. 343-346): hablando de las acuñaciones de Ikalkusken dice que “la evolución de su plata puede seguirse muy bien a través del tesoro de Azuel, cuyos 139, si no 246 (se ha de referir a los otros 107 del tesorillo de Villa del Río), ejemplares se distribuyen escalonadamente en grupos, cuyo desgaste relativo acredita un período larguísimo. Pueden reconocerse hasta unas once variantes, a las que se han de agregar una, quizá inicial, conocida fuera de allí por dos ejemplares, y tres muy bárbaras, extrañas a dicho tesoro y, por tanto, posteriores a su ocultación. Las más gastadas son las de mejor arte y similares a las de Cese; sigue un grupo de emisiones decadentes, hasta llegarse a los ejemplares a flor de cuño , que ofrecen diverso tipo en la cabeza de su anverso, bella y grabada finamente, pero sin relieve casi, lo que originó abundancia de piezas mal impresas. En cuanto a peso, quedan por bajo de 4 g. generalmente, y no hay ejemplares forrados“.

Anversos de tres IKaLKuSKeN de arte bárbaro. Foto: Subastas Vico.

Anversos de tres IKaLKuSKeN de arte bárbaro. Foto: Subastas Vico.

 

Por sus palabras parece claro que tuvo acceso a 139 ejemplares de IKaLKuSKeN en el citado gabinete arqueológico, pues pudo diferenciar 11 clases entre ellos. También a los veintitantos de BoLSKaN pues dice que tenían “mediano desgaste por el uso”. Sin embargo no tuvo esa suerte con las “cinco monedas celtibéricas diferentes”, pues sólo los atribuye “probablemente” a las cinco cecas ya citadas.

Creo que poco más se puede sacar en limpio sobre este hallazgo. Lo importante es acudir a las fuentes y ser respetuoso con ellas, avanzar hipótesis, y sacar conclusiones en la medida de lo posible. Y con este material y la comparación y estudio de los distintos tesorillos seguir avanzando en el conocimiento de los denarios ibéricos.

 

 

Quiero agradecer a mi amigo Javier Oliver, profesor de la U. Deusto, el haberme facilitado la fuente solicitada, imprescindible para la prospección bibliográfica de este tesorillo, así a como a J.A. Haro y A. Macías de http://www.rioyeguas.blogspot.com.es por su fotografía de la zona.
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2 respuestas a Tesorillo de la dehesa del castillo de Azuel

  1. Miguel Ángel dijo:

    Como siempre muy interesante tu entrada. Lamentable también la pérdida de documentación y monedas en 1931.

  2. Muy interesante la entrada y que viene a dar muestras de la enorme riqueza que envuelve toda la zona que rodea a Azuel-Cardeña Córdoba y la importancia historica que ha tenido al ser paso obligatorio desde Andalucía a Castilla.
    Enhorabuena Francis y un fuerte abrazo desde Río Yeguas
    Antonio Macías y José Antonio Haro

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